La Isla de Man ha hecho un trabajo excelente, primero controlando la COVID-19 y luego manteniéndola alejada de nuestras costas. Pero esto ha tenido un precio. El cierre y la reapertura de las fronteras han perjudicado gravemente no solo el bienestar de los residentes y las familias que desean visitar la isla, sino también la economía local. ¿Ha valido la pena?